El arte de Alphonse Mucha y el legado del Art Nouveau
- Roberto Sánchez
- 17 mar
- 7 Min. de lectura
La figura más reconocible del modernismo y las profundidades de su historia y pensamiento.

Kant, en La Crítica del Juicio, definía lo bello como algo que se puede observar por todos porque existe un sentido común a toda la población que percibe un ideal de belleza que permite ver cuándo algo tiene valor estético y cuándo no. Sin embargo, y con el paso del tiempo, podemos ver que la belleza no puede existir como valor superior, sino que depende de situaciones muy concretas relacionadas con la experiencia personal y la circunstancia de cada persona.
Si hay una “especie” de ideal de belleza en la sociedad es simplemente por una tendencia construida a lo largo de la historia y de un traspaso de información generacional que genera unos esquemas de juicio, que funcionan tanto para legitimar la legalidad de un sistema como para formular juicios sobre el arte y la cultura. Esto es algo que a la mente moderna basada en absolutos de Kant jamás podría haber llegado a raspar, precisamente por estar en un momento de la historia en que los conceptos se entendían universales.
Alphonse Mucha: la esencia del Art Nouveau
En el medio de estos dos puntos de vista en la historia, por los que en uno los absolutos existen y en otro vemos como las tendencias históricas pueden verse en una construcción a forma de despliegue, nos encontramos el Art Nouveau, y más en concreto la obra de Alphonse Mucha.
Este autor proponía la transmisión de mensajes espirituales a través del arte. Sin embargo, la mayoría de su obra se reconoce por estar expuesta en murales y carteles publicitarios que poco o nada tienen que ver con un mensaje espiritual, sino más bien con un mensaje comercial y de consumo.
Esta contradicción es curiosa por la forma en que se desarrolla, sobre todo teniendo en cuenta la fecha en la que este autor realiza las obras, el final del siglo XIX y el comienzo del siglo XX. En la época de las grandes fábricas, las ciudades europeas comenzaban a levantar su “cielo en la tierra”, tratando de convertir el sueño de la Ilustración de rehuir de la concepción de la separación de la ciudad del cielo y de la tierra en una realidad, convirtiendo la ciudad terrenal en ambas, como analizaba y posteriormente criticaba Susan Buck-Morss en Dialéctica de la mirada (Ed. La Balsa de la Medusa, pp. 77 y 78).
Con esto se ha de concretar que la tendencia artística del Art Nouveau y el arte publicitario aparecen a la vez que se lleva a efecto el proyecto de G.E. Haussmann, en 1870, y esto es con los carteles de Jules Chéret, que dará lugar al comienzo de la cartelería publicitaria.

Estilo y fondo
En medio de este remolino de modernización de las ciudades europeas se encuentra Mucha, un joven cartelista y pintor mural que sale del antiguo Imperio austríaco para llegar a París y encontrarse con la capital de las luces. En esta ciudad encontrará su principal inspiración y labrará un estilo propio, que será fácilmente distinguible por el uso de figuras femeninas, un gran papel de la sensualidad, motivos florales y arabescos, donde el romanticismo parece una influencia principal en la predominancia del instinto sobre la razón.
En su última obra, La Epopeya Eslava, además, se añadirán colores claros y pastel, que evocarán una nostalgia por el sentimiento de origen eslavo y un elemento mítico de la historia de los países del Este. Esta obra es especialmente importante porque define todo el pensamiento que hay detrás de la obra del autor modernista. En esta obra se narra desde la Antigüedad hasta el siglo XIX la vida del pueblo eslavo como una patria que está separada, pero que tiene un sentimiento común.
En esta serie de obras se puede apreciar la profundidad del autor, pues es donde afloran todas las incertidumbres y las reflexiones, en comparación con los carteles publicitarios, que simplemente atraen con el dominio de la técnica del autor. En estas obras podemos ver lo que Mucha quiere decirnos con su “patriotismo”, que no es uno de nación y tierra, sino de etnia con sentimiento social y, posteriormente, mundial. El trasfondo de esta obra es entender la importancia de las pesadumbres y las costumbres de la población eslava, y se habla de población porque su obra se centra en las gentes y no en los líderes y los méritos. En La glorificación de las naciones eslavas o en El juramento de Omladina (la juventud) bajo el tilo eslavo se ve esta sensación de unidad de las poblaciones del Este de Europa.
Como se ha dicho, no solo se centra en la población eslava, el mismo Mucha declaró la necesidad de una humanidad unida, que logre un entendimiento común, y el medio que creía apto para este entendimiento era el arte y la espiritualidad.
Las dos caras de la moneda
Las intenciones puras del arte de Mucha son claras en La Epopeya Eslava, ahí se siente realmente el aprecio del autor a su pueblo. Por eso es preferible obviar los carteles que realizó en su temprana carrera artística a la hora de juzgar su obra como una forma de expresión que tratase temas más profundos que la expresión de la belleza por la misma belleza.
Este rechazo tiene mucho que ver con el análisis de S. Buck-Morss expresado anteriormente, y es que la publicidad cartelera de las ciudades de París, Alemania e incluso en Madrid (algunas de las cuales subsisten hoy en día) son medios de disuasión para hacer ver que la ciudad es un lugar de luz en vez de un lugar de sombra. El hecho de que se representasen vegetaciones, ilustraciones con colores dulces y atractivos al ojo, no es otra cosa que un espejo y una fetichización de la mercancía, como habla la autora en relación con la obra de Walter Benjamin.

Mediante esta, se eliminan de la apariencia de los productos o servicios la procedencia de la misma para darle una nueva significación y poder cumplir con el objetivo de saciar necesidades que no se tienen por esenciales por los autores mencionados, o que dejan de lado un verdadero modo de vida que fuese liberador. Esto es mucho más apreciable en los motivos florales y las alusiones a una mujer naturaleza, algo así como una seducción mediante lo natural hacia una población atrapada en una jungla de cemento que quiere hacerse pasar por un bosque idílico de consumo en la que toda necesidad está cumplida. Es aquí donde florecería el buen salvaje a efectos prácticos si esto fuese real.
Estas alusiones por las que los carteles de Mucha – y, por supuesto de todo el resto de los cartelistas decimonónicos – benefician al comienzo de la sociedad del consumo mediante la alusión a la naturaleza como un entorno de liberación pero a modo de ficción dentro de un entorno tan abrasivo como eran las ciudades recién modernizadas, que tendían a la construcción de megaestructuras que distanciaban a la población entre sí, como son las grandes avenidas de París (hechas con el motivo de prevenir los atrincheramientos en las protestas).
Queda decir que, en el trabajo tardío de Mucha, es encomiable su intento de realizar acciones humanistas y llevar el arte a un estadio superior en el que pudiese entenderse a este como una forma de unir a la población, pues al final una de sus metas fue propiamente moderna, la democratización del arte como medio transmisor de ideas y estilos de vida y, por supuesto, de cambio. Sin embargo, debido al contexto de la Segunda Guerra Mundial, cuando volvió a su nación de origen fue torturado por la Gestappo y murió cuatro meses más tarde, dejando inacabada la serie de obras sobre la épica eslava.
Con todo esto, no puede dejarse de lado que su capacidad creativa era impresionante y que tenía una gran habilidad para conseguir plasmar la emoción que quería transmitir en su obra. Su dominio de las luces y las sombras y la expresión de sus personajes es algo que destaca y no puede ser ignorado. De esta forma, y bajo una estética kantiana, Mucha busca la belleza siempre, incluso en la muerte, como en Noche de invierno (1923).

Influencia y desastre
La influencia de Mucha es indiscutible. Desde el Art Decó a los hippies de los ‘60s y la composición de la publicidad actual, así como el uso de sus motivos. Junto con esto, en nuestro país recibimos parte de su influencia y, en general de esta tendencia estilística, en autores como Gaudí. Junto con esto pueden verse, a día de hoy, carteles que imitan su estilo por las grandes ciudades como Madrid o incluso la existencia de museos que recogen el estilo de principio del siglo XX como una rareza en nuestro país, como la Casa Lis-Museo de Art Decó y Art Nouveau de Salamanca, viendo que su influencia llegó hasta las regiones de Castilla La Mancha.
Con todo, es uno de los más grandes impulsores de la publicidad a través del cartel y su estilo subyace en la mayoría del marketing actual, sea en forma o contenido. Es decir, ya sea como objeto de imitación en la forma que tienen los personajes de la publicidad de posar, sus ropas o sus motivos o ya sea como el uso de ciertas emociones y sensaciones como forma de transmitir una imagen sobre el carácter del producto, que, como se dijo anteriormente, puede llegar a ser criticado y, en su momento, fue detestado por el propio autor (por motivos explícitamente éticos o espirituales).
Sin embargo, como se ha explicado, no era el objetivo de Mucha conseguir fama a través de sus carteles publicitarios, sino que quería transmitir un mensaje. Este es un mensaje que se basaba en la cooperación de los pueblos, en la ayuda transnacional, y, sobre todo, con el objetivo de la unión de los pueblos eslavos por su historia común. Claramente, esto no es algo que se haya conseguido. Se vio en las Guerras Yugoslavas, en la disolución de Checoslovaquia o en la ocupación de Ucrania como la más reciente.
Los movimientos nacionalistas del siglo XX redujeron esta postura como posición política y acrecentaron la violencia entre estas naciones, generando tensiones que se palpan en los tiempos presentes entre culturas con un pasado y cultura común.
Aun así, debe tenerse en cuenta como un autor que tiene una gran influencia cultural y que pocas veces se tiene en cuenta por el eclipse que causan sus obras publicitarias, debiendo dar cuenta de la importancia de su mensaje de cooperación internacional que a día de hoy sería necesario reivindicar y revivir, sobre todo en tiempos grises de guerra como los que se aproximan entre naciones de pasado común y que incluso han olvidado la situación de sus poblaciones pocos decenios atrás.





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