La inflación: menos producto, pero más precio
- Aroa Oriza

- 31 mar
- 7 Min. de lectura
A falta de una regulación firme, las marcas practican la reduflación: una técnica que consiste en reducir el peso de los productos pagando más por ellos

Cada vez día antes de entrar en la universidad por la mañana, Inés, de 19 años, se compraba un café en el supermercado de al lado. Le costaba 0,75 euros, y para ella era más que un capricho pues le ayudaba a mantenerse despierta después de madrugar y viajar dos horas en transporte público. Sin embargo, una mañana, cuando se disponía a pagar en la caja, se dio cuenta de que debía pagar 0,90 euros. Se percató de que había subido el precio de su producto favorito. Lo pagó, pero al abrirlo notó que había menos cantidad de café de la habitual. En ese momento se preguntó por qué el precio de su café subía mientras que la cantidad en el envase disminuía.
La reduflación –suma de reducción e inflación– es la técnica que muchas empresas llevan a cabo para camuflar la inflación. Consiste en incluir menos cantidad en un paquete, aunque el tamaño y el peso parezcan el mismo que siempre, y mantener el precio. El objetivo es que el consumidor no note el aumento del coste del producto.
Desde el año 2022, desde la OCU señalan directamente a algunos fabricantes como Danone, Dorito, Pescanova, Colacao y Pastas Gallo que, mientras mantienen el precio de algunos de sus alimentos, reducen entre un 5% y un 10% la cantidad que incluyen en sus envases.
Si bien en años anteriores la reducción de cantidades no afectaba al precio, ahora algunas cadenas de alimentación han puesto en marcha un fenómeno en el que se dan ambos casos, tanto la reduflación como la inflación. El diario canadiense Retail Insider ya le ha puesto nombre: la estiraflación.
FACUA también denunció a principios de 2023 la presencia de esta nueva práctica hasta en diez productos que habían aumentado su precio mientras disminuían sus cantidades. Entre estos se encuentran las Patatas Ruffles con sabor a jamón que ahora ofrecen una cantidad de 275 gramos por 3,39 euros, a diferencia de lo que ocurría en enero de 2022 cuyas bolsas eran de 295 gramos y valían 2,89 euros. Este es uno de los productos que Daniel, de 22 años, consumía más antes, pero que ahora solo se permite de vez en cuando: “Ahora las compro de marca blanca. No queda otra. Si no me gastaría una pasta todos los meses que me parece excesiva”.
La reacción de los consumidores
Daniel no es el único que ha buscado alternativas. Inés también ha tratado de buscar soluciones. “Después de la subida de precios –confirma– he comenzado a traerme el café desde casa en un termo”. Muchos consumidores se han dado cuenta, pero seguirán comprando productos básicos como el caso de Sara, de 24 años: “Me he fijado alguna vez en estas prácticas, pero voy a seguir comprando leche, verduras y agua para todos los días”, lo que justifica al decir: “Si no comprase nada que subiera de precio me moriría de hambre”.
Otros no parecen darle importancia o ni siquiera se han dado cuenta. Por un lado, Laura, de 17, mantiene que seguirá comprando bolsas de snacks “mientras las subidas de precio o este caso, la disminución de cantidades no sean desproporcionadas”. Nailya Ordabayeva, profesora asociada de la Escuela de Negocios Tuck de Dartmouth, señaló en el New York Times que los consumidores pueden estar dispuestos a aceptar cantidades menores o incluso preferirlas en algunos casos.
En el otro lado, Hugo, 16 años, nunca se había fijado en los cambios que hacen los supermercados: “Me suelo fijar mucho más en cuanto cuesta una cosa que en si la caja es más pequeña o no tiene menos cosas”, y añade: “Ahora lo sé y me intentaré fijar más”. Pero Hugo no es el único. Las empresas se aprovechan de que los consumidores se fijan más en el precio que en el envase. Por eso llevan a cabo estas técnicas. Tal y como le explicó John Gourville, profesor de la Harvard Business School, al New York Times, “la gente puede darse cuenta, pero a menudo no lo hace”. Añade que “no se produce el impacto de verlo en la etiqueta”.
Pero poco a poco los consumidores empiezan a notarlo. Una encuesta realizada por Global Inflation Monitor y publicada a principios de septiembre de este año confirma que un 54% de los españoles ha percibido una reducción del tamaño de los productos, 8 puntos más que en 2023. Los alimentos donde más lo han observado es en los snacks; los hidratos como el pan, el arroz y la pasta; los dulces como el chocolate y comida precocinada. De los encuestados, 6 cada 10 lo ven como una práctica inaceptable.
Menos cantidades y calidad
Lo que más temen algunos consumidores es que a esta bajada de cantidad para llevar a cabo la reduflación o la estiraflación se le sume el uso de peores materias primas, un fenómeno que el New York Times ha bautizado con el nombre de skimpflation.
"A veces es difícil para los consumidores reconocer la calidad”, sostiene Joseph Balagtas, profesor asociado de economía agrícola en la Universidad Purdue, Estados Unidos, en unas declaraciones para la BBC. “Algunos fabricantes de helados han reducido parte de la costosa grasa láctea de sus productos, –ejemplifica Balagatas– y la han reemplazado con otros ingredientes que incluyen agua y otros componentes de la leche, pero también edulcorantes".

Para los consumidores resulta imposible diferenciar un producto de buena calidad de uno de mala calidad. Inés, por ejemplo, asume que “hay tantos químicos o edulcorantes en los productos de hoy en día que es imposible que el paladar detecte lo que es una buena carne o un buen pescado de una carne artificial hecha en una fábrica”. En cambio, Daniel opina que lo único que no notamos son los pequeños cambios.
Las marcas, las grandes beneficiadas
Gracias a la reduflación y a la estiraflación, las compañías han obtenido un mayor margen de beneficio. El porcentaje de las ganancias ha aumentado al ahorrar en costos directos y al utilizar materias de calidad más baja. Por ejemplo, PepsiCo, una de las compañías que más se ha aprovechado de estos métodos ha conseguido un beneficio de 2.841 millones de euros en este segundo trimestre fiscal de 2024, lo que supone un 12,2% más en comparación con el mismo periodo del año anterior.
Son pocos los fabricantes y macroempresas que se justifican ante estas prácticas, aunque algunos ya han dado sus motivos. En Estados Unidos, por ejemplo, un representante de la compañía Frito-Lay, confirmó en el año 2021 a la revista estadounidense Quartz que sacaron un poco de la bolsa de Doritos para poder ofrecerla al mismo precio. Su explicación es que “la inflación estaba golpeando a todo el mundo”.

También hay quienes se excusan sin aludir directamente a la inflación. Un portavoz, esta vez de Gatorade, filial de PepsiCo, le explicó a Quartz que la reducción del tamaño de sus botellas es por una cuestión de diseño. “Básicamente, rediseñamos la botella. Es más aerodinámica y es más fácil de agarrar. El rediseño genera un nuevo costo y las botellas son un poco más caras” agregó.
Tanto en Estados Unidos como en España, el IPC ha disminuido respecto a los niveles postpandemia. No obstante, ninguna corporación ha vuelto a incrementar las cantidades de los productos a niveles previos. Y si bien las cantidades podría aumentar de nuevo, esto no implica necesariamente una reducción de los precios. "Si la inflación baja, significa que la tasa a la que aumentan los precios se está desacelerando, pero en general no va a significar que los precios vayan a bajar" expone William Hauk, profesor asociado del Departamento de Economía de la Universidad de Carolina del Sur para la revista Time.
Sin regulación
En marzo de 2022, la reduflación fue una de las palabras más buscadas en el navegador de Google. Se convirtió en tendencia y varios medios de comunicación se hicieron eco de este procedimiento que cada vez más fabricantes llevaban a cabo. A partir de ese momento no se volvió a hablar de este tema, hasta que en septiembre de 2024 el Congreso de los Diputados lo llevó a debate.
El Ejecutivo del PSOE planteó una proposición de ley que ha sido admitida a trámite y que pretende modificar la Ley General para la Defensa de los Consumidores y Usuarios aprobada en 2007. Su principal aporte es un artículo que obliga a las empresas a informar con claridad a los consumidores siempre que haya una reducción y a su vez, un aumento de precio por unidad de medida en un mismo envase. Las empresas tendrán un plazo de 90 días para informar desde la comercialización de producto hasta la llega a su punto de venta.

De momento, hoy existen leyes que regulen esta actividad ni que protejan a los consumidores de esta inflación encubierta. Existen normativas que tratan sobre el derecho a que el consumidor tenga una información clara y comprensible sobre los productos que se compran, pero el término reduflación o estiraflación no aparecen. Es legal siempre y cuando se indique el volumen del producto.
Esta discusión sobre la reduflación en el Congreso ha pasado completamente desapercibida para muchos españoles. Inés cree que esto se debe a que “muchas marcas se promocionan en estos medios y no quieren que se hable negativamente de lo que hacen”. Asimismo, comenta que estas marcas pueden haber presionado a las cadenas de televisión para que no hablasen del tema.
Cómo evitarla
Daniel ha notado una fuerte subida de precios cuando este fin de semana ha ido a comprar los primeros productos navideños. Lo ha observado sobre todo en turrones y polvorones: “Un turrón de chocolate que antes valía 1,75 ahora vale 1,90 y así con casi todo”. Él piensa que la solución está en fijarse bien en el etiquetado, pero también añade otros remedios: “Si quieres ahorrar, lo mejor que puedes hacer es, o buscar la marca blanca o comparar los precios. En algunos supermercados habrán subido más que en otros.”
Una forma de detectar esta subida de precio encubierta es comparar el precio antes y después con su unidad de medida ya sea por gramos, por kilos o litros. Pero esto toma más tiempo de lo que parece. “Cuando voy a comprar normalmente lo hago con prisa. No tengo tiempo ni ganas de ponerme a comparar envases y precios”, cuenta Laura.
Inés cree que la mejor manera de fijarse en estos cambios repentinos es “prestarles atención a los envases especiales”. Añade que ella se ha dado cuenta de que los packs familiares o de ahorro es una forma de maquillar las subidas de precio o la disminución de cantidades.
Aunque la CNMC (Comisión Nacional de Mercados y Competencias) ya ha iniciado campañas informativas para alertar a los consumidores, tanto la OCU como FACUA llevan años denunciando la presencia de estas prácticas encubiertas en compañías y productos específicos. A pesar de seguir advirtiendo a los consumidores, mientras no haya una mayor concienciación ni regulación, las grandes empresas de alimentos continuarán aprovechándose de los compradores para aumentar sus ganancias.




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