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Los pequeños instantes que no parecen importantes (pero lo son)

Entre lo cotidiano e insignificante están los momentos que realmente permanecen

 

 

Durante el transcurso de nuestras vidas se dan miles de momentos que no planeamos, que no fotografiamos, que ni siquiera pensamos que vayamos a recordar. No son viajes extravagantes, ni grandes celebraciones o días marcados con un círculo en el calendario. Son cosas pequeñas, una charla cualquiera, una risa compartida en cualquier sitio, un paseo sin destino fijo… Y, sin embargo, con el tiempo esos momentos especiales son los que se quedan.

No ocurre de forma inmediata, llega sin avisar.  Al principio, en el momento todo parece normal, algo cotidiano e incluso aburrido. No hay nada relevante que destacar, nada que subir a redes sociales, nada que dé lugar a un ¨te tengo que contar¨. Pero pasa el tiempo, los días, los meses, los años… y sin darte cuenta, sin buscarlos, vuelven. Y cuando vuelven, lo hacen con una claridad extraña, no recuerdas el día completo, ni la hora, ni lo que llevabas puesto, pero si recuerdas cómo te sentías.

Quizá es la risa de un ser querido. Quizá una sensación de paz y tranquilidad a la que en su momento no supiste ponerle nombre. Quizá es el instante donde todo estaba bien y ni siquiera te lo habías parado a pensar. La memoria funciona de esa manera extraña de funcionar, no guarda lo que creemos importante sino lo que de verdad nos llegó dentro, incluso aunque fuera en silencio.

Nos pasamos la vida esperando grandes momentos, pensamos que todo va a cambiar en esos instantes. Y claro que esos momentos son muy importantes. Pero entre uno y otro, la vida sigue pasando, de manera más discreta, más tranquila. Y es ahí donde realmente pasa casi todo.

Tal vez el problema es que pocos saben apreciar lo cotidiano, disfrutar de esos pequeños momentos que son de todo menos secundarios. Esos son la base de todo lo demás. Esos momentos son los que construyen recuerdos, que aunque sin avisar son aquellos que hacen que días cualquiera, tiempo después, la vida tenga un poquito más de sentido.

Con el tiempo, uno va aprendiendo, aunque sea un poco, que aunque siempre queremos que las cosas sean especiales, muchas veces ya lo son, pero de una manera más tranquila. Y quizá lo más bonito  de la vida es eso,  que no hace falta que pase nada extraordinario para que un momento sea importante. Muchas veces basta con estar, con reír, con compartir algo. Porque al final , lo que mas recordamos no es lo que más brillaba, sino lo que sin hacer ruido, nos hizo sentir algo de verdad.

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