Cuando la soledad se convierte en un negocio
En una sociedad hiperconectada la soledad es cada vez mayor. Para paliarla surgen ciertas ayudas. Algunas son productivas y otras, aunque pueden tener buenas intenciones, solo empeoran la situación a largo plazo
La puerta cerrada desde dentro. Las ventanas abiertas durante años. Unas fuertes lluvias arremeten contra Valencia en octubre de 2025. El agua se cuela en la casa y acaba llegando hacia las plantas inferiores. Forma una gotera que moja la cama del piso de abajo. Un vecino llama al seguro para avisar de la filtración. Los bomberos entran a la vivienda por el balcón. Ven, en uno de los dormitorios, el cuerpo de un hombre rodeado de palomas y excrementos. Es Antonio Famoso. Desde que murió hasta que encontraron el cadáver pasaron casi trece años. Cuando sus vecinos dejaron de verlo, pensaron que se había ido a una residencia. No había motivos para pensar que hubiera fallecido. Seguía pagando las facturas.

El caso de Antonio evidencia una de nuestras mayores problemáticas como sociedad: la soledad. Tal vez él la eligiera en parte, pues había abandonado a su familia en 1990 e ido a vivir al barrio de Fuensanta en Valencia. No obstante, vivía en una comunidad. Se cruzaba a veces con sus vecinos. Su balcón colindaba con el de una mujer de edad parecida. Es cierto que sus vecinos notaron su ausencia. Llegaron a llamar a la policía para avisar de que no lo localizaban, pero no pusieron ninguna denuncia. Unos agentes se acercaron a la puerta, sin hacer nada más, porque no podían entrar. Los vecinos pidieron al cuerpo de bomberos que cerraran las ventanas, pues podría inundar el piso y afectar al resto de la comunidad. Aunque no hicieron nada y, años después, pasó exactamente lo que temían. Para entonces, Antonio había pasado más de una década muerto, comido por las palomas e insectos que entraban en su casa.
La soledad se ha convertido en una de las mayores pandemias que nos asolan. Según los datos del Barómetro de la soledad no deseada en España 2024, realizado por el Observatorio Estatal, una de cada cinco personas la sufre en España. Dos de cada tres de dichas personas llevan en esta situación más de dos años. Son, además, las mujeres las que más lo reconocen: un 21,8 % frente al 18 % de los hombres. Por otra parte, son los jóvenes de entre 18 y 24 años quienes tienen las cifras más altas: un 34,6 %. Curioso si se tiene en cuenta que es la generación más hiperconectada. El porcentaje disminuye en función que avanza la edad hasta llegar al 14,5 % de las personas de entre 65 y 74 años. Luego, a partir de los 75, aumenta considerablemente. El 20 % de quienes pertenecen a esta franja de edad se sienten solas. Aparte, la soledad no deseada es mayor en personas con algún tipo de discapacidad, personas migrantes y miembros del colectivo LGTBIQ+.

Aunque, realmente, cualquiera es vulnerable ante la soledad. Las causas varían entre la falta de convivencia o apoyo familiar, problemas laborales y económicos, tener que cuidar a personas dependientes y la mala salud física. Existen diferentes planes que tratan de solventar este problema. Programas, como Grandes Amigos o Nadiesolo, donde voluntarios acompañan durante unas horas a la semana a personas mayores. Servicios de ONGs, como TE ACOMPAÑA de la Cruz Roja, donde se facilita una atención personalizada y confidencial a través de distintos canales de contacto para combatir situaciones de aislamiento y soledad no deseada. O actividades sociales, como Moverse es cuidarse, donde el objetivo principal es promover el ejercicio y el contacto social entre personas mayores.
No obstante, en la sociedad capitalista en la que vivimos, también han surgido soluciones lucrativas. Desde aplicaciones que dicen conectar a usuarios en función de sus gustos hasta webs que permiten alquilar a personas. Otra opción, desde luego, son los chats de IA generativa. No solo los clásicos, como ChatGPT o Gemini, sino que surgen chats programados para ser cualquier personaje deseado. En Character AI se puede dialogar con tipos que se enamoran de nosotros, con piratas que nos invitan a correr aventuras o que ejercen cualquier rol que les pidamos. Se ha acabado por instrumentalizar la soledad. Es un nuevo medio para generar dinero, independientemente de las consecuencias que pueda tener.
Alfonso Fernández-Martos, coordinador del servicio psicológico de la Universidad Carlos III de Madrid, señala que todo este mundo digital incrementa el sentimiento de soledad. Defiende que el móvil nos impide relacionarnos entre nosotros y crear vínculos reales. Vamos perdiendo la habilidad de conectar, de socializar. Recalca que lo que está mal no es conocer a gente por el móvil, sino quedarse en el mundo virtual y no traspasar el vínculo a la vida real. Aunque, para él, formaría parte de un mal menor, ya que hay para quienes es el único medio por el cual se pueden relacionar. Sin embargo, hace un especial énfasis en que hay que exponerse, porque, como dice él, “si solo tenemos este tipo de relaciones, es muy difícil sentirse acompañado”.
Por otra parte, dejando la tecnología a un lado, encontramos empresas que ofrecen alquilar amigos por horas con el fin de acompañar. En una boda, en el cine, en un bar, en un paseo. En Japón, uno de los países donde los ciudadanos más sufren de soledad, es un negocio bastante habitual. El año pasado se estrenó la película Rental Family. Situada en Japón, nos muestra cómo una empresa contrata actores para que finjan ser figuras relevantes en la vida de alguien. Desde un padre para una niña pequeña hasta un periodista que entrevista a un escritor olvidado. Asimismo, como es habitual, la ficción refleja la realidad. Yuichi Ishii fundó la empresa Family Romance en 2009, con la que se puede contratar a personas para que actúen como familiares, parejas o amigos.

La versión española, un poco más simple, es Alquifriend. Se trata de una plataforma creada por Jesús Sánchez que permite a diferentes usuarios ofrecer acompañamiento a cambio de un módico precio: cinco, diez, veinte o treinta euros. También hay quienes se ofrecen de manera gratuita. Así pues, los usuarios les envían solicitudes para quedar. Una vez que son aceptadas, comienzan a hablar y pactan cómo va a ser. En qué va a consistir la quedada, dónde, cuándo y por cuánto. A pesar de que Sánchez haya mencionado en varias ocasiones que el género de los usuarios está bastante equilibrado entre hombres y mujeres, Laura Gómez y Míriam Domínguez, dos amigas, indican que solo han recibido solicitudes de hombres.
En una entrevista que les hicieron en el programa radiofónico Islàndia, Laura explica su experiencia en la plataforma. Entró por curiosidad, sin terminar de creerse que alguien pagaría por compañía. Acabó descubriendo que era cierto. Sin embargo, aclara que a través de la página no ha hecho ninguna amistad. Porque, al final, ¿cómo va a existir una conexión real, de una amistad genuina, si se trata de una transacción económica más? Aunque reconoce que seguramente a la segunda quedada no cobraría, pero que no ha llegado a existir dicha situación. Por otro lado, Míriam señala que sí ha tenido segundas y terceras citas, pero que a partir de la tercera ha dejado de cobrar.
Al preguntar a Alfonso sobre el tema, señala que es muy triste que hayamos llegado a este punto. Lo compara con los voluntarios que acompañan a personas mayores durante unas horas. “No tienen un vínculo de amistad, pero sí es un acompañamiento, alivia la soledad”. Claro que, en estos voluntariados no hay un elemento lucrativo. Igual que con las relaciones virtuales, no piensa que sea algo negativo como punto de partida. Lanza la pregunta al aire sobre si es mejor alquilar a alguien que no tener a nadie. Su respuesta, contundente, es que depende de dónde parta la persona. De cuáles sean sus circunstancias, su historia, su personalidad. Piensa que es una forma de controlar la interacción con los demás, puesto que se paga para tenerla.
De cualquier forma, esto no es una solución a la soledad. Son negocios, que de una manera intencionada o no, se aprovechan de quienes padecen esta situación. Ni en el caso de los chats de IA ni en el de contratar amigos se crean vínculos reales. No es posible si se tiene en cuenta que la IA y el amigo alquilado están predispuestos a complacer a sus clientes. Son meras herramientas que no crean ningún tipo de conflicto al usuario. Y eso, el conflicto, es fundamental para las relaciones humanas. Porque no siempre estamos de acuerdo con los demás. No siempre ellos están de acuerdo con nosotros. Se producen discusiones, esenciales para entendernos, para crecer como personas. Y estas soluciones no contemplan esta perspectiva. Evitan lo incómodo de las relaciones. Nos vuelven intolerantes a la frustración y hace que, a la larga, nos cueste formar y mantener conexiones sanas.





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