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“The Great Divide: The Last of the Bugs”, el nuevo capítulo de Noah Kahan

30 abr
4 min de lectura

La culpa y la melancolía como lenguaje intergeneracional en un álbum que suena a los días en los que todo falla… y encima llueve.

El nuevo álbum de Noah Kahan, “The Great Divide: The Last of the Bugs”, se estrenó el pasado 24 de abril y, rápidamente, alcanzó el éxito sumando más de 43 millones de reproducciones en streaming.

No obstante, el cantante estadounidense no siempre ha gozado de esta fama. Hace diez años, apenas vendía más de 70 entradas en sus conciertos y, en la actualidad, ha conseguido hacer sold out durante cuatro noches seguidas en el Fenway Park (Boston), donde caben 37.755 personas.

Este cambio radical que ha sufrido su vida es uno de los temas principales tratados en este nuevo capítulo de su carrera musical. Así, refleja en diversas canciones el contraste de lo que era y en lo que se ha convertido ahora, todo vertebrado por la culpa de avanzar, dejando atrás, inevitablemente, a lugares y personas. En canciones anteriores, animaba a sus oyentes a viajar; sin embargo, ahora que su fama y éxito son indiscutibles, se siente culpable por ello.

En una entrevista con Jimmy Fallon, Noah describió la vibra del disco diciendo “Cuando algo está yendo mal en tu vida y está lloviendo”. Sin duda, no se podría definir mejor, es ese tipo de música que escuchas esos días en los que buscas regodearte en tu tristeza y, aunque sea por un momento, sentirte mínimamente comprendido.

Además, a pesar de que puede parecer una situación contraria, también es un álbum ideal para cantar a todo pulmón en un largo viaje por carretera con las ventanillas bajadas en verano.

Portada de The Great Divide: The Last of the Bugs. Fuente: Spotify.
Portada de The Great Divide: The Last of the Bugs. Fuente: Spotify.

De hecho, esta sensación es el fundamento del primer tema del disco, End of August. En él, representa ese sentimiento que te invade cuando el verano está llegando a su fin y lo único que queda por hacer es intentar aprovechar el poco tiempo que queda, ya que sabes que todo terminará tarde o temprano.

De este modo, hace una referencia al ciclo de la vida, en la canción, él es consciente de que todo a su alrededor acabará muriendo, pero hasta que ese momento llegue, estamos vivos y eso es lo único que importa por ahora.

Como he mencionado anteriormente, la temática que vertebra todas las piezas es la culpa por avanzar, mudarse y dejar atrás; todo envuelto y potenciado por una fuerte melancolía. Esto lo podemos escuchar en Dashboard, donde parece incluso que se insulta a sí mismo; o en All them Horses, en la cual reflexiona sobre en quién se ha convertido, teniendo en cuenta que no puede cambiar sus decisiones pasadas.

En contraposición, también se sitúa en ocasiones en la perspectiva de quien se queda y ve a todo el mundo marcharse; como sucede en American Cars, Headed North, Downfall y Porch Light, donde unos padres esperan desesperadamente que su hijo se haya cansado de su nueva vida y vuelva a casa.

Además, trata sus distintas relaciones con su familia y seres queridos. Por ejemplo, en Willing and Able refleja cómo está dispuesto a recuperar una relación abandonada por el paso del tiempo, seguramente con un hermano.

A su vez, Dan parece estar dedicada a su mejor amigo, convirtiéndose en una oda a ese sentimiento de que, cuando estamos con las personas correctas, todas nuestras preocupaciones desaparecen y todo se reduce a los pequeños momentos.

Noah Kahan. Fuente: Billboard.
Noah Kahan. Fuente: Billboard.

En lo que respecta a su vida amorosa, muestra las dos caras de la moneda; por un lado, un amor inseguro influenciado por el miedo al abandono y la dificultad de expresar sus sentimientos; y, por otra parte, un amor que le ayuda a refugiarse de la incomodidad de la fama y le resta importancia a todos los problemas de su alrededor.

El primer caso se muestra en Doors y Staying Still; y el segundo en Paid Time Off, We Go Way Back, A Few of Your Own y Orbiter.

Por último, él mismo ha confirmado que Haircut refleja la culpa que siente por haber convertido su pequeño pueblo, donde todo el mundo vive tranquilamente; en un lugar ligeramente turístico. Sin embargo, también afirmó que este problema vive principalmente en su cabeza, ya que nadie de Strafford le ha juzgado por ello.

No obstante, mucha gente había interpretado esta canción como una carta de su yo del pasado a su yo del presente. En mi opinión, esta ambigüedad es lo que convierte todo el disco en arte y, sin duda, en una experiencia única.  

Aun así, las críticas se han orientado principalmente hacia la longitud del álbum, el cual cuenta con 21 canciones; lo que, en mi opinión, es un reflejo de la falta de capacidad de atención cada vez más reducida de la sociedad. Aunque es una problemática complicada y más profunda de lo que podría parecer a primera vista, creo que se puede afirmar que una hora y media de música de calidad nunca se podrá considerar “demasiado”.

A la vez, algunas opiniones se inclinan a subrayar una supuesta monotonía en los ritmos y melodías. Bajo mi punto de vista, a pesar de que sí que hay algunas canciones que en la primera escucha pueden resultar ligeramente similares, no creo que sea algo lo suficientemente negativo como para que te impida apreciar el gran disco, cargado de emociones y sensaciones, que es The Great Divide: The Last of the Bugs.

En definitiva, animo a cualquiera que todavía no haya oído el álbum a escucharlo con atención y; a quien, como yo, se haya sentido hipnotizado por él, mantenga la esperanza de que The Great Divide Tour añada fechas en España.

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